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lunes, junio 18, 2007

FUTBOL


No me gusta el fútbol.
Bueno... no seamos extremistas.
En algunos casos puntuales puede interesarme saber los resultados de ciertos partidos.
A veces, incluso me gusta llegar a ver por la televisión la realización de ciertos goles.
Puedo incluso aceptar que algunos de ellos pueden estar, digamos... artísticamente elaborados.
Pero estar viendo como veintitrés tíos corren detrás de un objeto redondo y elástico durante una hora y media, me parece aburrido y pienso que puede llegar a ser una auténtica pérdida de tiempo.
Lo reconozco, no es lo habitual.
Seguramente los muchos que ayer estaban en los campos de fútbol gritando y aplaudiendo los éxitos de sus equipos, o llorando sus fracasos, me tildaran de pintoresco, extraño e incluso falto de sensibilidad para una parte muy importante de nuestra cultura.
Eso como poco.
Si tenso un poco la discusión, supongo que rápidamente subirían en sus apreciaciones negativas. Algunos acalorados podrían llegar a la agresión verbal e incluso física.
Todos tenemos claro el significado de la frase romana: “Pan y circo”.
Es una vieja forma de acallar a las masas y hacer que miren hacia otro lado mientras las mantienen entretenidas.
Sobre todo interesa que la gente no piense. Si no piensa, no actúa.
No hace falta ser un experto en sicología para comprender la función de “válvula de escape” que tiene este espectáculo (que no deporte) ante las tensiones e injusticias existentes en nuestra sociedad.
Ayer, mientras paseaba por las calles solitarias con mi perro, al pasar por delante de determinadas cafeterías, oí multitud de bocas desencajadas gritar la palabra “GOOOL” como si les fuera la vida en ello y vi cuerpos ansiosos saltar levantando los brazos ante un televisor encendido.
Cuando los gritos dejaron de oírse y los ánimos se fueron calmando, una tenue sonrisa se dibujó en mis labios mientras pensaba que algunos se habían olvidado de sus pequeños o grandes problemas.
Durante una hora y media.